Poetas con Luz AmbienteSantiago Romero de Ávila

Poetas con Luz Ambiente, Santiago Romero de Ávila

“Yo le canto al amor, a la esperanza, al entusiasmo, a la ilusión, al gozo, pero denuncio, y lloro, y peco, y grito ante el dolor, el llanto, la tristeza, el desconsuelo, el luto y el olvido”.

Santiago Romero de Ávila, es un poeta que desde finales de los 60 en los que “empieza en serio”, a la actualidad, cuenta con muchos premios y reconocimientos, que en definitiva nada tiene que ver con la luz y ni siquiera con la localización de la que les hablo a la hora de programar la sesión fotográfica. En un momento dado, en la charla que mantenemos siempre antes del shooting, me revela que de todos los premios -siempre muy valorados por él-, si por menesteres de la vida tuviera que renunciar a todos menos uno, sin lugar a dudas se quedaría con el que le otorgó el pueblo de La Solana que lo nombró “Hijo Predilecto”.

¡Y con estos mimbres tengo que hacer “el cesto” del retrato! En realidad, tan solo tenía que buscar una luz que mostrara todo el carácter manchego que emana de Santiago -según García Pavón, entre otros: Su quijotesco poder imaginativo, campechanía manchega-.

La luz y localización que tenía que encontrar para retratar a Santiago, apenas debía ser complicada e inscribirlo en un lugar muy cotidiano para él, acaso con alguna mínima información sencilla como su poesía que nos hablara de su tierra.

Santiago Romero de Ávila ©Pepe J Galanes

Santiago Romero de Ávila

Yo le canto al amor, a la esperanza, al entusiasmo, a la ilusión, al gozo, pero denuncio, y lloro, y peco, y grito ante el dolor, el llanto, la tristeza, el desconsuelo, el luto y el olvido.

¿Cómo olvidar tantísima penuria cuando quedan niños que miran como arcángeles puros, con los dientes petrificados de nunca masticar un pan crujiente, que lloran lagrimones de sal y de ceniza para empapar la tierra dura y seca de unos parajes huérfanos de flores?

Brota el poema henchido, a borbollones, como salpica el manantial del gozo, mientras recuerdo el canto del cuclillo, o me circunda el vuelo de la alondra, que, en humildad, anida en los evónimos toda su castidad y su pureza.

Y así me inspiran líricos poemas la infinitud del campo labrantío, la eternidad de duelo en los tapiales, el aguijón de pena labradora, el incesante sorbo de amargura, el aluvión de rosas invioladas, el impoluto bálago del nido, la redondez de arcaicos cangilones y el repicar de altísimas campanas.

Esta es mi forma de escribir poesía, así me dejo el corazón entero o hecho migajas de pasión y herido sobre el temblor caliente de los pámpanos.

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