Poetas con Luz AmbienteMiguel Galanes

Poetas con Luz Ambiente, Miguel Galanes

“Por mucho que diga, poco o nada puedo aclarar sobre qué es la Poesía. Incluso cuando me refiero a lo que escribo y en ello me reconozco, se me oculta la totalidad de lo que verdaderamente es o pudiera ser, también lo que puedo conseguir con ella y cuál es el fin de nuestro matrimonio”.

Hago mías las palabras que un día me dijo Miguel cuando le pedí que me prologase uno de mis libros publicados de fotografía, “DAIMIEL.TIERRA ADENTRO. Paisaje y Emoción”. Venía a decir, lo difícil que le resultaba escribir ese prólogo, en este caso sobre mí, que tanto nos conocíamos y tanto habíamos hablado sobre nuestra tierra, el abandono, la belleza de lo que fue y tantas cuestiones que no vienen al caso.

A diferencia de otros poetas del proyecto, yo si tenía claro las localizaciones en las que inscribir a Miguel -siempre contando con él-; mucho más importantes que la luz que resultase del día. Empezamos en Casa Blanca, un antiguo núcleo de población en la Dehesa de Zacatena que contaba con escuela e incluso ermita. Solamente con imaginar, ver la destrucción y abandono del lugar, te hace tener una visión muy clara del esplendor de la zona. La siguiente localización, la majada de nuestro abuelo en la margen derecha del Guadiana, ubicada en el paraje de El Nuevo, desde donde se otea todo un horizonte de varias cientos de metros que debía de llevar el río en su época de crecida y que en la actualidad la vista solo domina tierra gris para cultivo y una pequeña caja en el cauce del río, para que “cuando corra” discurra por ella.

Con estas localizaciones sin lugar a dudas, acabo eligiendo la de la majada de nuestro abuelo, que nos retrotrae a las correrías e historias de pastores que nuestro padre nos contaba y en cierta manera no deja de ser una vuelta al origen.

En el prólogo de mi libro Miguel decía “Alguien me pregunta: ¿Podrá hacer la luz que encontremos al mago que nos robó e hizo dormir el agua? Ojalá esa pregunta tenga una respuesta positiva en el tiempo y el río vuelva a ser lo que un día fue.

Miguel Galanes ©Pepe J Galanes

Miguel Galanes

Querido Pepe: Aquí tienes el texto que me solicitaste hace bastante tiempo y que aún no te lo había enviado por haber seguido dando vueltas y más vueltas a cómo dar respuesta a tu solicitud de hacerte llegar una poética que hiciera referencia a lo realizado de acuerdo a mi actitud ante la Poesía y, en particular, la mía. Este ha sido el principal motivo de mi torpeza y mi tardanza, mi duda y mi indecisión después de tantos años dedicado a un Arte que no he logrado dilucidar. Mi falta de esclarecimiento es aún mayor a la hora de tener que encorsetarla en una vestimenta que admito que le es impropia a su naturaleza. Freno mi atrevimiento en el compromiso de abordar este asunto en el que cada día doy un paso distinto, ignorando si hacia adelante o atrás. Me siento incapaz. Por mucho que diga, poco o nada puedo aclarar sobre qué es la Poesía. Incluso cuando me refiero a lo que escribo y en ello me reconozco, se me oculta la totalidad de lo que verdaderamente es o pudiera ser, también lo que puedo conseguir con ella y cuál es el fin de nuestro matrimonio. ¿Qué decir de su misterio y de su nada? Sé que las palabras no sustituyen a un acto por muy trascendente y perfecto que sea el mensaje que llevan. Pero bien que me esfuerzo en resaltar su valor, cuando en lo más simple y en lo cotidiano descubro, mediante ella, la realidad que se me oculta, y a través de ella me permite una verdad casi al completo. Además, no sabría cómo hablar de mi poesía, a no ser que surgiese esa sorpresa mediante la que se defina en sí misma. Siempre habrá algo que comentar de la Poesía, lo admito, aunque hoy declare poco o nada de ella por medio de esta mi Secreta Aventura –poética tal vez-. Es todo, con ello espero responder a tu solicitud después de haber recibido de tu atención estas fotografías que te agradezco y que, desde su entorno que tanto revela, algo representan de lo que hemos perdido y aún permanece en mis poemas escritos: ruinas de lo vivido, levantándose en el sueño de nuestros orígenes tras las sombras que no se declaran abiertamente:

Némina nunca dejará de ser ella

por poco o mucho que proclame

las verdades de una vida privada.

Entre los colores prefiere el amarillo

para ofrecer, por arte de fortuna, su imagen

desde la distancia.

Si es sólo el amarillo,

puede que sea el que la defina.

Parece que dice algo de ella,

cuando, sin vociferarlo, le ofrece todo:

en su presencia ayuda a esclarecer

a los demás colores.

 

La poesía

pinta el mundo de modo parecido:

sola, como palabra,

nos comunica muy poco o nada.

En su mensaje encontramos algo

de la sensación de lo visible.

Sin embargo, a través de ella y su misterio,

pudiera que hallásemos nuestra búsqueda,

los sueños más adentro,

algo de quien se arriesga en un rincón

y la utiliza, con la comedida distancia,

entre inestabilidad e incertidumbre: poco más,

sin dejar de ser un juego de estilo,

ruinas de lo vivido,

la vida de nadie, si es la de todos,

un detalle de conciencia y de entendimiento,

bajo luz propia, en esa secreta

aventura de vivirla sintiéndose juntos.

 

Entre luces y sombras es como la define

el que arriesga en la partida, sin que la pierda

ni la gane.

En las tablas de la ignorancia concluye todo.

 

Sin ser ajena al jugador, declara, al menos,

qué representa siendo quién es,

quién fue, o lo que pudo haber sido,

lo que podría ser,

o tal vez con lo que se identifica:

la delicada y misteriosa tela de araña

donde envuelvo y preservo mis raíces.

Abrazos de tu hermano Miguel

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