Poetas con Luz AmbienteJuana Pinés

Poetas con Luz Ambiente, Juana Pinés

“La poesía fue, por tanto, una huida silenciosa de aquellos momentos que me tocaron vivir, y a los que ni siquiera sabía cómo enfrentarme”.

Es la segunda vez que hago una sesión fotográfica con Juana Pinés. El recuerdo de la primera ya hace “unos años”, para la Revista de Castilla La Mancha; creo recordar que era para un artículo que hablaba sobre poetas regionales con múltiples premios poéticos y literarios.

Coincidimos también en uno de los espacios que hemos utilizado para esta sesión, eso si, en la anterior la acompañaban sus gatos y resultó un retrato muy entrañable. En esta ocasión, la luz de su recogimiento en la creatividad le ha tocado ser la luz del patio de su vivienda al comienzo de la puesta de sol.

Juana Pinés ©Pepe Galanes

NACER A LA POESIA

Empecé a escribir poesía como una forma de conjurar una realidad que escocía sin remedio. La poesía fue, por tanto, una huida silenciosa de aquellos momentos que me tocaron vivir, y a los que ni siquiera sabía cómo enfrentarme. Yo era apenas una adolescente cuando murió mi padre, dejándome un enorme agujero en el corazón. Aquella ruptura con el que hasta entonces había sido mi mundo me impulsó a vaciarme sobre una página en blanco, y posiblemente fueron mis primeros versos los que me salvaron del hundimiento moral. En ellos escondía mis horas de negación, mi miedo y mis lágrimas. Escribía de forma obsesiva sin fijarme en ritmos o métricas, sin aplicar las más elementales normas preceptivas, sin filtro alguno. Escribía, sencillamente, poemas en carne viva, lo que me dictaba el dolor, lo que brotaba directamente desde la sangre hasta la mano. Ni siquiera perseguía la belleza. Creo que escribía, simplemente,  en defensa propia.

Pasó el tiempo y se secó el llanto, pero ya para entonces había entendido que la poesía  era una necesidad inevitable. Entonces sí empecé a buscar la belleza de las palabras, la luz de las palabras, el ritmo de las palabras. Y escribí mi realidad y la de otros, mis gozos y mis sombras, los sueños que me alumbraban, y recalé en el amor, en la vida y en la muerte, esas tres heridas eternas y universales. Y en mi poesía traté de rescatar del olvido y del silencio esas cosas cotidianas, diminutas y sin nombre que, por su simplicidad, pasan desapercibidas para casi todo el mundo, y sin embargo para unos pocos desprenden gotas de luz. Escribí muchas veces de lo pequeño, de lo que carece de importancia, de lo que nadie ve, y otras veces de lo oscuro, de lo trágico, de lo terrible. Porque creo que en poesía siempre se puede extraer una  brizna de hermosura de cualquier cosa. Como esa breve flor que nace de un montón de estiércol.

 

                                                              Juana Pinés Maeso

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