Poetas con Luz AmbienteJosé Juan Martín-Gil Córdoba

Poetas con Luz Ambiente, José Juan Martín-Gil Córdoba

“Las preguntas de tipo existencial quedan difuminadas ante la rotundidad de lo concreto, de lo que ocurre aquí y ahora. Poemas como fogonazos que captan una sensación o una impresión efímera. Vivir en el instante”.

José Juan es un observador de la vida que delante de sus ojos se deja ver.

En la presentación del proyecto, comentaba que la línea editorial en relación con el tratamiento del retrato del poeta, sería bajo el marco de grandes aperturas de diafragma –nº f  1.4, 1.8, 2, 2.8– para con ello, tratar de aislarlo del fondo y a la vez dotarlo de una información necesaria, pero que no le restase atención. Si observamos este retrato, se ubica en el otro extremo de la línea editorial –apertura muy pequeña en el diafragma f 13 y obturación 1/25-. Es un “axioma” clásico en fotografía; las reglas se hacen para romperlas a veces. La característica de este retrato, además del movimiento de los viandantes, es la gran definición por detrás de José Juan, fruto de la gran profundidad de campo de la apertura de diafragma elegida.

Si me hubieran dado a elegir un deseo, a la hora de optar por una luz -su Luz- en la sesión; no hubiera sido otra, que la que me encontré el día que decidimos hacer las fotos. Una luz de atardecer con un cielo despejado, por consiguiente, una luz contrastada en la que abundan más las diferencias entre las zonas de luz y sombras y se alejan más de los matices cromáticos de la escala de color. Llevado esto al blanco y negro, escalones más grandes en la escala de grises.

Bajo este marco perceptual quiero inscribir a Juan. Su poesía como muchos otros poetas, recuerda, que ya en la adolescencia 15/16 años, era el recurso para desahogarse, expresarse, reflexionar…

De origen místico, que desemboca en la vida misma, con una visión espiritual -que no religiosa- de cualquier elemento que delante de él se muestre. Un árbol, un animal, el juego de un niño, una charla… un todo. Es lo que necesita para escribir.

Son los contrastes “sencillos”, como si de haikus se tratara, los que le sirven a Juan a la hora observar la vida y  escribir sobre ella. Quietud y movimiento, luz y sombra, definición e indefinición, religiosidad y espiritualidad.

José Juan Martín-Gil Córdoba ©Pepe J Galanes

José Juan Martín-Gil Córdoba

Receptor de la heterogénea y convulsa poesía española del siglo XX, me nutro con las lecturas de Juan Ramón Jiménez, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, José Hierro, José Ángel Valente,…

En sus inicios, mi escritura es ante todo (casi como la de cualquier otro poeta) efusión que expresa cuanto llevo dentro, vivencias e inquietudes sobre el amor, Dios, la propia identidad y la realidad de la muerte, si bien con cierta intencionalidad estética no muy definida.

Progresivamente, la palabra se va afilando en busca de una mayor depuración y síntesis formal que sea reflejo de un camino espiritual cuya llave para la revelación de la verdad, de la realidad última, sea el propio verbo.

Los últimos versos de mi segundo poemario (“la muerte de este verso / crea el poema”) dan testimonio de una evolución hacia otra poética en la que la realidad tal como es se impone a la palabra. Esta se muestra incapaz de contener la vastedad de la existencia y, aún así, resulta necesaria, como el dedo que señala hacia la luna imposible de atrapar. Una palabra ahora marcada por la naturalidad, la intensidad y profundidad del instante presente, la espiritualidad de lo cotidiano. Las preguntas de tipo existencial quedan difuminadas ante la rotundidad de lo concreto, de lo que ocurre aquí y ahora. Poemas como fogonazos que captan una sensación o una impresión efímera. Vivir en el instante.

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