Poetas con Luz AmbienteJesús Miguel Horcajada

Poetas con Luz Ambiente, Jesús Miguel Horcajada

“No tengo claro porqué escribo, ojalá tuviera siquiera una vaga idea más allá de la única certeza: escribo para decir las cosas que están del otro lado, escribo para decir lo que a algunos, silenciados, les ha sido negado, y escribo para decir y también para contradecir”.

Como con muchos otros poetas del proyecto, paso “del nada al casi todo” en cuestión de unas llamadas de teléfono y el tiempo que dedicamos a la sesión. Con estas cuatro palabras puedo definir la relación con Jesús Miguel… la impresión; la transparencia de un cristal.

Leída su poética, viajaba a Almagro el día de la sesión con mucha incertidumbre. Yo pretendía fotografiarlo con su luz, que no era otra que una luz dura, por ese motivo habíamos quedado sobre las 18:30. Mi pretensión era que me produjese una sombra paralela que hablara de su otro yo, de su contradicción ante todo y sobre todo de su quehacer.

La incertidumbre provenía de que salió una tarde con nubes y claros y para ayudar a esa duda, la calima africana de esos días. Para nada eran sumandos que me iban a ayudar a conseguir, esa pretendida luz con la que conseguir esa sombra densa y paralela. La cuestión, que al comienzo pude aprovechar unos minutos de la luz que quería y en la primera pared de que dispusimos -en la fachada del ayuntamiento- fue donde hice el primer shooting. ¡El retrato ya lo tenía!, el retrato hablaba de su otro yo, de su motivación cuando escribe con la alegría, pero a la vez también lo hace,­­­ cuando la tristeza le inunda. Cuando lo hace, con la perspectiva de la amplitud nuestros paisajes manchegos, pero también desde la compresión de una calle estrecha y sombría; en definitiva, de sus múltiples contradicciones.

Jesús Miguel Horcajada

Jesús Miguel Horcajada

No tengo claro porqué escribo, ojalá tuviera siquiera una vaga idea más allá de la única certeza: escribo para decir las cosas que están del otro lado, escribo para decir lo que a algunos, silenciados, les ha sido negado, y escribo para decir y también para contradecir. Si se me presenta la posibilidad de no hacerlo, por pequeña que sea, la aprovecho. Soy vago para todas las cosas que provienen de la cabeza, mas para sacarme adelante tengo el corazón. Me disperso con muchísima facilidad y de a ratos, cada vez más frecuentes, se me viene a la boca un dicho: Ya no soy poeta, ya no escribo tanto. Y culpo a los ratitos de felicidad que se me brindan de una u otra parte que me rodea. Esto es porque no escribo con tanta facilidad cuando siento la alegría que cuando una tristeza me hunde en el fango. Fíjate en esta poética (¿poética?) para darte cuenta de que poco más de cuatro o cinco líneas bastarán para conocerme. O para no conocerme, porque tan pronto suelte el bolígrafo seré otro. ¿Porqué escribo? ¿Para qué escribo? ¿Cuándo decir las cosas? ¿Porqué prescindir de la escritura? Un campo, una calle estrecha, una oscuridad y un amor, el único amor ya para siempre.

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