Poetas con Luz AmbienteJosé Corredor Matheos

Poetas con Luz Ambiente, José Corredor Matheos

“No sabría decir cómo creo que es mi poesía, sino, en todo caso, cómo me gustaría que fuese. Si, como decía el maestro Dámaso Alonso, no podemos juzgar o considerar debidamente la poesía de nuestros contemporáneos, ¿cómo voy a apreciar mi poesía, si no hay nadie más contemporáneo mío que yo mismo? Sí puedo apuntar aquí lo que substancialmente ya he dicho en otras ocasiones”.

La sesión con José Corredor Matheos para mí, fue una satisfacción doble.

En primer lugar, y después de tener planeada la sesión ya de ello más de un año -junio/2020-, la COVID 19, las cuarentenas, los confinamientos perimetrales, en fin, que más voy a contar que no sepamos…

Se cumple ya un año de la salida a redes y a mi página web del proyecto de Poetas con Luz Ambiente. Que mejor celebración de cumpleaños, el publicar con todo un premio nacional de poesía, que aún siendo muy importante, es más el placer de haber compartido un tiempo con un personaje de la calidad humana excepcional como es la de Pepe.

En segundo lugar y como valor añadido, tuve la posibilidad de haber vuelto a Barcelona con el único motivo de retratarlo en sus ambientes, de paso el disfrutar de la intimidad de su estudio, del paseo por el barrio de Gracia, por la Barceloneta, de tomar una cerveza con la observación del Mediterráneo, que tanto le gusta. Todo esto es cierto, pero acaso cayendo en el recuerdo de aquella tarde, con lo me quedo, es con el placer de charlar y compartir visiones y opiniones sobre múltiples cuestiones que en ese tiempo surgieron.

Coincidimos en varias cuestiones y gustos como que “a veces nos gusta no hacer nada”, lo mismo bien mirado, es hacer mucho. Cuando quise darme cuenta habían pasado casi cuatro horas y me habían parecido un suspiro.

José Corredor Matheos ©Pepe J Galanes

José Corredor Matheos

A MODO DE POÉTICA

La poética no suele ser, a mi juicio, una suerte de entendimiento programático del posible poema, sino una visión que parece atribuirse a poemas ya realizados. No sabría decir cómo creo que es mi poesía, sino, en todo caso, cómo me gustaría que fuese. Si, como decía el maestro Dámaso Alonso, no podemos juzgar o considerar debidamente la poesía de nuestros contemporáneos, ¿cómo voy a apreciar mi poesía, si no hay nadie más contemporáneo mío que yo mismo? Sí puedo apuntar aquí lo que substancialmente ya he dicho en otras ocasiones.

He tenido ocasión de comprobar que, últimamente, hay gran interés por conocer cómo entienden los poetas la poesía. Y, como respuesta, advierto que, entre ellos, existen discrepancias y, posiblemente, sobre todo, dificultad de saber o poder exponer con claridad lo que piensan y sienten al respecto. Es sabido que cuando más esencial y profunda es la cuestión más difícil es encontrar las palabras adecuadas.

Creo firmemente que, como descubrió el romanticismo alemán -con el antecedente de la maravillada admiración de Kant ante el cielo estrellado- la poesía nace del asombro. Añadiré que al asombro le sigue la atracción por revelar la esencia de seres y cosas, y, más profundamente aún, las relaciones entre ellos. Es decir, que el poeta lo que revela son las relaciones más que los seres y las cosas en sí. Y, por último, ante tanto descubrimiento y revelación, sigue el ansia de silencio, que Juan Ramón Jiménez deseaba alcanzar.

El poema no es fruto de una acción deliberada, sino de un acto de obediencia a una voz interior. Creo que has de dejar que la poesía se escriba ella sola, que no sea estrictamente obra tuya, del yo más externo y cotidiano, sino que nazca de un nivel profundo, superior, por lo tanto, al consciente. El poema surge, pues, en un nivel a medio camino de la realidad y el ensueño. El poeta, en el momento de la creación, se sitúa en una zona que no podemos definir.  Para Antonio Machado, “el alma del poeta se orienta hacia el misterio”. Claro que el poema puede quedar inacabado y luego puedes desarrollarlo o, como es en mi caso, sobre todo aligerarlo, pero ya ha sido dado substancialmente. La poesía se escribe simplemente porque sí, sin buscar nada, sin desear nada. No se tiene intención ni voluntad de escribir, sino que se está atento, sin esperar nada, y –para decirlo con palabras de Rilke- en el momento más inesperado se oyen las primeras palabras de un poema.

JOSÉ CORREDOR-MATHEOS

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