Poetas con Luz AmbienteEmilio Ruiz Parra

Poetas con Luz Ambiente, Emilio Ruiz Parra

“Yo, que contraje la poesía/ a la temprana edad de diecisiete años,/ no he podido curármela. Me la pegó un poeta/ que transformaba en rosas las cardenchas/ -acaso no tenía de milagrosa nada/ tal transubstanciación, pues comulgan espinas-/ o tal vez fue por mi manera/ de mirar cómo crecen las hojas de la vid,/ y como una mañana, de improviso,/ se desperezan para hacerse mariposas,/ sin buscar yo, al milagro, una razón científica”.

Comienzo esta introducción al retrato de Emilio Ruiz Parra, queriendo agradecer sobremanera, a su mujer Franca López Figueroa y por supuesto a él, por el gran esfuerzo que han realizado al abrirme las puertas de su casa, en una circunstancia tan dura como es la vivencia de la enfermedad en tiempo presente.

 

Si tuviera que haber elegido una luz para retratar a Emilio, y me hubieran dado a elegir entre varias localizaciones y una vez hecha la sesión. No tengo duda en que hubiera elegido la luz de su casa; en la que se encuentra toda una vida de poeta recogida en innumerables documentos, escritos, dibujos, cuadros,… en definitiva, en múltiples manifestaciones artísticas de artistas y escritores de las generaciones del 27, 36 y 50, Nuestra  vida sí ha sido con poetas del 27 y  del 36, pero Emilio y muchos amigos pertenecen a la generación del 50, época en la que creó y dirigió la Revista Aljaba en Jaén y La Revista del Mediodía en Córdoba” (1).

 

También quiero subrayar, en relación a la norma más o menos implícita, a la hora de solicitar la poética de cada uno de los/as poetas que me están ayudando, con su colaboración en la ejecución de este proyecto de “Poetas con Luz Ambiente” y no una determinada poesía. Que en este caso, “la norma” no la he respetado, en base a que Emilio cuenta con un poema (NOTICIA DEL CRONISTA) , que perfectamente puede suplir a su poética y así evitar un esfuerzo añadido… es más que suficiente el que Emilio y Franca han dedicado al proyecto y a mi persona en concreto.

 

(1) Franca López Figueroa.

Emilio Ruiz Parra ©Pepe J Galanes

Emilio Ruiz Parra

Yo, que contraje la poesía/ a la temprana edad de diecisiete años,/ no he podido curármela. Me la pegó un poeta/ que transformaba en rosas las cardenchas/ -acaso no tenía de milagrosa nada/ tal transubstanciación, pues comulgan espinas-/ o tal vez fue por mi manera/ de mirar cómo crecen las hojas de la vid,/ y como una mañana, de improviso,/ se desperezan para hacerse mariposas,/ sin buscar yo, al milagro, una razón científica.

 

No he podido curarme del mal. Entonces no existían/ antibióticos, o eran tan caros y difíciles/ que tuve que apañarme solo, a base de emplastos/ y de friegas de alcohol con romero: fue inútil./ El mal se me hizo crónico, y ahora, a estas alturas,/ ya no tiene remedio.

 

Quise desentenderme; pensar en otra cosa/ y olvidarme de aquello: estudié matemáticas/ y contabilidad; me hice abogado,/ anduve entre finanzas (Dios anduvo en pucheros/ y no pudo dejar de ser Dios), pero aquello/ no se quitaba.

 

¿Sería acaso la tierra de la que me hice amigo,/ que pudiera tener algún extraño influjo,/ o radioactividad o Dios sepa? Exiliado/ me hice de oro, rico de mí, me hice de vida,/ de mujer y de hijos, pero el mal contraído/ continuaba. Era imposible curarlo,/ porque lo que se mete en la sangre y a ella/ se agarra, no se quita.

 

Mi saber matemático me condujo a buscarle/ tres pies a la palabra, por ver si la engañaba y confundía/ y me dejaba en paz. Mas ni por esas./ Hice combinaciones, permutaciones, sílabas/ sin vocal, versos mínimos, estrechos como un pelo,/ mas la poesía se hizo resistente./ Le hice obscenidades -y de ello quedan huellas-/ y quiebros: se hizo crónica./ Y crónica es de mí, a pesar de eludirla,/ pues de ella soy reo.

 

Los síntomas, a veces/remiten. Voy tirando. -“Casi no se te nota”-,/ me dicen. Pero la procesión va por dentro,/ y se asoma a los ojos./ El mal se recrudece cuando menos se espera.

 

No es la luna si va correteando nubes/ quien levanta mi piel – es uno de los síntomas-./ A veces, simplemente, una palabra puede/ removerme y herirme. Y montañas de versos/ pueden dejarme otras tan frío como el hielo./ Recuerdo, a este propósito,/ que subí una mañana desde Delfos/ hasta el monte Parnaso, donde según los griegos/ moran las Musas: no encontré tal fauna/ y el mito se hizo añicos.

 

Y me creí curado./ Pero marineando luego en el mar Egeo/ -azul, quieto, silente y rociado de cuarzo-/ las Musas me empezaron a agobiar, emergidas,/ y arrastré varios días el ahogo/ de la angina de pecho.

 

Es inútil luchar contra un mal incurable…/Necesario es vivir, con el mal contenido,/ y dejar que la sangre/ mane de vez en cuando y se aligere.

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1 comentario

  1. Gran poeta, aunque no por todos conocido ,mejor persona siendo por muchos intuido y enorme como padre por todos nosotros sabido y sentido .
    Duros momentos los que pasa actualmente no pudiendo hacer el uso de LA PALABRA como el quisiera, sabiendo lo que ha sido para él LA PALABRA en su vida.

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