Poetas con Luz AmbienteAntonio Gutiérrez

Poetas con Luz Ambiente, Antonio Gutiérrez González de Mendoza

Amo las dudas y los secretos, los caminos y las nostalgias y en ese contexto intento huir de las evidencias, procurando sugerir, conmover, emocionar, siguiendo siempre la brújula del azar y la belleza. La poesía nace de la tensión del alma y del lenguaje y es reflexión y meditación, elixir que sana las heridas del intelecto, si no tal vez no sea nada.

Antonio Gutiérrez González de Mendoza, ya figuraba en la primera Antología que la Biblioteca de Autores Manchegos, editaba ya hace muchos años, por lo tanto este documento gráfico no puede obviarlo. Ya iniciado junio de 2021, tuvimos la primera conversación telefónica y es ahora con el otoño mediado cuando se lleva a cabo la sesión.

Eligió lo jardines del Prado como podría haber elegido otro lugar , cualquier sitio es ideal para él. El día, muy luminoso de cielo limpio, tuvimos que buscar las sombras, y así evitar el efecto de los rayos del sol directo sobre el gesto.

Durante la conversación coincidimos en algunas cuestiones.

Cualquier creación artística sea del género que sea, no es mejor o peor dependiendo del nombre del autor, independientemente que la trayectoria es un elemento a tener en cuenta, pero no es una “conditio sine qua non”, para que nos guste más o menos.

En algún caso si un poema, no llevase una determinada firma, “lo mismo la valoración cambiaría”.

Le gusta que su poesía sea culta.

Antonio Gutierrez ©Pepe J Galanes

Antonio Gutiérrez González de Mendoza

Después de contemplar tantos y tantos ocasos, descreído que siempre fui, hoy apenas quedan ídolos en mis templos. De todos modos, aún me detengo a escuchar los ecos del surrealismo en ese juego que es para mí la poesía. Amo las dudas y los secretos, los caminos y las nostalgias y en ese contexto intento huir de las evidencias, procurando sugerir, conmover, emocionar, siguiendo siempre la brújula del azar y la belleza. La poesía nace de la tensión del alma y del lenguaje y es reflexión y meditación, elixir que sana las heridas del intelecto, si no tal vez no sea nada.

Sigo amando los nombres propios que me surten de las coordenadas personales y espacio-temporales, donde yo tejo, la fragilidad de un mundo sutil e invertebrado, pero inmortal.

En definitiva, amo pensar, me apasiona escribir, me gusta leer en los labios de las cosas y sueño con volver, para siempre, al vientre de Sofía, mientras busco la inocencia de mi infancia, que aún vive, en los bosques encendidos de Nátakin.

Como podéis ver, algo no muy distinto de lo que deseaba Giacomo Casanova, cuando aceptó el cargo de bibliotecario que le ofrecía, en Bohemia, el conde de Waldstein.

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