Poetas con Luz AmbienteAurora Gómez Campos

Poetas con Luz Ambiente, Aurora Gómez Campos

“Encuentro poesía en cada cosa, en todas las cosas solo con saber mirarlas y escribo poesía porque me aprietan las palabras que no digo. Es como el hambre: la poesía es hambre de trascender, hambre de reinterpretar y de crear otra realidad con una mirada distinta a la mirada común e impuesta. “.

De nuevo en Valdepeñas para realizar otra sesión del proyecto. No es una tarde cualquiera, es la última tarde completa en el otoño de 2021. El solsticio de invierno entró en vigor oficialmente a las 15:59 horas del día 21-12-2021 y la sesión el 20-12-2021. No sé si por influencia psicológica o que tal vez era así, la luz de esa tarde anunciaba el fin del otoño y, por consiguiente las tardes precedentes serían más luminosas en relación al tiempo.

Al llegar, Aurora me mostraba las posibles ubicaciones dónde se podría realizar la sesión. La estancia, un marco ideal para el fin del retrato. El espacio, un piso de mediados del anterior siglo con una resultante cálida, fruto de la misma configuración y mobiliario.

La luz natural caía a pasos agigantados, y aunque en el blanco y negro tiene menos importancia el tema de las temperaturas de color; la realidad era que tenía que trabajar con la luz de tungsteno y la luz exterior si quería aprovechar una luz resultante de un rincón muy coqueto al lado de un ventanal, en la primera localización. La segunda, una biblioteca con iluminación natural en contraluz de ventana e iluminación superior de tungsteno procedente de lámpara. ¿Problema?… no, con un buen revelado las correcciones se hacen, pero por cuestión de técnica, lo suyo es hacer un balance de blancos de forma manual. De ambas localizaciones acabé eligiendo la del rincón coqueto en el salón.

Aurora Gómez Campos ©Pepe J Galanes

Aurora Gómez Campos

Pues no, la poesía no eres tú, ni yo, ni nadie. La poesía es la mirada. Saber mirar lo que ya está ahí patente, manifiesto y notorio. Encuentro poesía en cada cosa, en todas las cosas solo con saber mirarlas y escribo poesía porque me aprietan las palabras que no digo. Es como el hambre: la poesía es hambre de trascender, hambre de reinterpretar y de crear otra realidad con una mirada distinta a la mirada común e impuesta. Los poetas conjugamos la realidad, la travestimos, la desnudamos, la disfrazamos e intentamos que el traje resultante nunca sea un traje de marca.

No suelo saber qué poesía voy a escribir cuando estoy escribiéndola. Todo se inicia con una sensación, un querer ser, un mandato que nace de la cara oculta de la piel. Entonces, abro el inconsciente, los sueños, la realidad, el pasado, los sueños y la infancia y salen solas las palabras. Como los poetas tenemos algo de alquimistas, una vez escrito el boceto, lo decanto y lo dejo reposar. Y vuelta a empezar, nueva decantación, otro filtro. El exceso de palabras es como sobrecargar de jarrones inútiles un escrito e impide al poema ser lo que debe ser. Un nuevo filtro. Y, justo cuando termino el poema, me percato de que a los sumo solo hay un par de versos que realmente merecen la pena.

¡Pero di algo, joder!”, y es que se trata de eso: de decir algo. Si el poema está vacío mejor no escribirlo. Por eso hay poetas que están callados, porque saben que cada verso debe aportar algo o si no, no hay verso. Manejar el silencio es tan importante como manejar las palabras.

Los sueños y el inconsciente son parte de mi territorio poético. Y no es contradictoria mi exigencia de un mensaje con ejercer el surrealismo. La poesía surrealista alberga su mensaje en la forma, las imágenes y la sensación, sobre todo en la sensación. Si la poesía no conmociona es porque nació autómata. La poesía debe conmocionar, escandalizar, invadir las vísceras del lector y, al mismo tiempo, penetrar como un perfume suave.

Es verdad, que a menudo juego al escondite con el lector, le invito a leer esas palabras que no se dicen. El mundo de la entrelínea es fascinante. Y es que la sugerencia, la suave ironía, la carga de profundidad componen también la poesía. No hay buena poesía sin una buena entrelínea.

Por eso, amigo Bécquer, la poesía no era ella, ni tú, ni yo. Bien sabías -querido y desconocido maestro- que la poesía es mirar con los ojos nuevos, el corazón inverso y la mente abierta de par en par.

Aurora Gómez Campos

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