Poetas con Luz AmbienteManuel Moreno Díaz

Poetas con Luz Ambiente, Manuel Moreno Díaz

Siempre he desconfiado de las poéticas como explicación o justificación o autoanálisis del poeta respecto a su propia obra, es muy fácil caer en una lectura condescendiente, interesada o inocentemente tramposa, creo que son los lectores, multitud o uno, los que tienen que dar fe de los logros, intenciones, fracasos del poeta, …

Manuel reside y trabaja en Valencia, al igual que con otros, aprovechamos estas fechas navideñas. Fechas para regresar a la tierra natal a ver familiares, amigos y de paso, aprovechar para hacerle caso “al fotógrafo” y dedicar un tiempo para la sesión.

En sus inicios escritor empedernido, escribía en los folios en blanco que caían en sus manos, e incluso en el papel que envolvía las cajetillas de los cigarrillos “Celtas” en el estanco de su abuelo cuando no disponía de otro papel.

En el transcurso de la charla se suele hablar de muchos temas, que por otro lado sirven para romper el hielo y la mayoría se obvian.

La siguiente anécdota, me parece digna de reseñar. Resulta que cansado de que las inmobiliarias con sus promociones de viviendas no paraban de llamar; a la hora de echarse la siesta le comentó a su hijo que para nada le molestasen. El teléfono de nuevo sonó y su hijo le comentó algo relacionado con 15.000 €, evidentemente no le hizo caso. Hubo otra llamada posterior en la que el poeta Ángel González Muñiz, le decía “que si no quería el premio”… o algo así. Resultó que había ganado el premio EMILO ALARCOS en 2005 con “La saliva del sol”.

Manuel es un poeta enamorado de la luz y doy fe de ello, me enseñó una gran cantidad de amaneceres que fotografía cuando va a trabajar y por alguna cuestión le llaman la atención. Le encanta la luz y establece diferencias entre la manchega y levantina. Define a la manchega como más austera “quizá, porqué fue con la que he crecido”.

Hablando de la horizontalidad del paisaje, compartimos una idea sobre la llanura manchega y el mar. La podemos definir como mar de agua y mar de tierra. Cita suya es “nací en las orillas de un mar de tierra y moriré en las orillas de un mar de agua”.

La azotea-tejado de la casa de sus padres, es la ubicación dónde eligió retratarse, en donde aun es posible observar la horizontalidad del paisaje, en este caso de tejados hechos tejas de barro… que puestos a imaginar, también podría asemejarse a un mar de tejados con olas de tejas de barro.

Manuel Moreno Díaz ©Pepe J Galanes

Manuel Moreno Díaz

Siempre he desconfiado de las poéticas como explicación o justificación o autoanálisis del poeta respecto a su propia obra, es muy fácil caer en una lectura condescendiente, interesada o inocentemente tramposa, creo que son los lectores, multitud o uno, los que tienen que dar fe de los logros, intenciones, fracasos del poeta, ellos son la medida de sus conquistas expresivas, ellos los notarios de sus derrotas. Por eso lo que ahora leerás, paciente lector, es más una declaración de intenciones, más una propuesta teórica que una poética propiamente dicha.

En el siglo XX ha habido un poeta que representa la verdadera piedra de toque en lo que a la poesía que a mí me interesa respecta. Me refiero a T.S.Eliot, cuyo interés e influencia gravita en torno a sus dos obras mayores, que representan los dos polos a los que la auténtica poesía se adscribe, me refiero, obviamente, a La tierra baldía y a sus Cuatro cuartetos. Si la primera es un grito catártico de vida y de lenguaje, una búsqueda casi desesperada de caminos expresivos en la diáspora del realismo, su segunda obra representa la luz de la meditación, la culminación de una poesía reflexiva, más atenta al pensamiento que a la sensación, más cercana al sosiego de la instropección filosófica y religiosa que a la búsqueda o al merodeo, por utilizar la feliz expresión que acuñó a este proceso el gran Claudio Rodríguez. Si las comparamos con paisajes, la primera obra sería un páramo infestado de tierras movedizas, la segunda, un puerto al que van a morir tal vez todos los ríos de la tierra.

Es una lástima disponer de poco espacio para desarrollar mejor la idea, pero creo que el mismo año de la publicación de La tierra baldía, 1922, se publicaron los otros dos libros posiblemente más importantes de poesía del siglo XX como son Las elegías de Duino De Rainer M. Rilke y Trilce de César Vallejo. El primero culminaba y clausuraba de manera magistral toda la poesía del XIX, el segundo rompía las reglas del juego y sembraba de minas el artefacto poético tal y como era conocido hasta entonces. Eliot era el que proponía sin querer el camino a seguir, el que seguiría proponiéndolo con su obra futura, por eso tal vez ha sido el poeta más influyente del siglo XX.

Bien, aterrizo ya. Creo que mis dos primeros y únicos libros de poesía hasta el día de hoy se adscriben más a la geografía de los Cuatro cuartetos, pero mi obra futura, si la hubiera, intentará seguir los caminos de La tierra baldía, salvando las distancias y la calidad, por supuesto, en un camino que vaya de la poesía reflexiva, realista y meditativa, a la más experimental e introspectiva, un viaje que va desde el sol hasta los huesos. Pero ya he avisado que esto es más una declaración de intenciones que una poética, y el poeta, independientemente de sus logros, ha de ser ambicioso en sus propósitos. Tempus dicet.

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