Poetas con Luz AmbienteAntonio León García

Poetas con Luz Ambiente, Antonio León García

“Somos huellas necesarias que quedan como poso nada más ser impregnadas en la tierra, el legado de una palabra que apenas pronunciada se hace eco indeleble. Todo lo actual se hace pretérito, todo menos el dolor… Allí queda mi poesía”.

Prácticamente la estructura que me planteo a la hora de programar y realizar las diferentes sesiones del proyecto son muy similares, si exceptuamos las localizaciones y la luz que el azar me prepara para la sesión. Con Antonio no iba a ser diferente. Contacto por e-mail, charla por teléfono para la ampliación de información del proyecto, etc .

Casi habíamos decidido, que lo mismo los retratos los hacíamos en el ático de su casa. Bien, pues después de la presentación y posterior charla, decidí darle la vuelta a la localización planeada después de haberlo escuchado con mucho interés, sobre su experiencia en un viaje a New York cuatro meses antes del atentado a las Torres Gemelas -11/09/2001-. Él establecía un paralelismo entre dos silencios. En primer lugar, el silencio que quedó después del atentado y en segundo lugar, el silencio resultante en la primera ola del confinamiento por el COVID19… dos hechos determinantes en nuestra historia actual. Todo esto para justificar, el lugar a retratar a Antonio. El Puente de Brooklyn; estaba allí, casi “voceando” que ese era el lugar. Un gran mural que ocupaba gran parte de una pared, si le sumamos la luz lateral de ventana, que tanto me gusta… el retrato no lo podía hacer en otro lugar que no fuera ese.

Como comento al principio, fue una charla muy interesante en la que se definía como poeta autobiográfico y existencialista. Acaso determinados momentos vividos como la participación en un convoy de ayuda humanitaria en Bosnia en el 95 y el nacimiento de sus hijos son dos sumandos que han influido en gran medida en esta definición del poeta sobre su poesía.

Antonio León García ©Pepe J GalanesAntonio León García

Llevo en mis versos la urgencia de otros labios, y en ellos la llamada angustiosa de la vida. Porque la vida no es más que un conjunto de instantes que van restando etapas en la terca ceremonia de la existencia.

Somos huellas necesarias que quedan como poso nada más ser impregnadas en la tierra, el legado de una palabra que apenas pronunciada se hace eco indeleble. Todo lo actual se hace pretérito, todo menos el dolor… Allí queda mi poesía.

Cada sentimiento, cada ausencia, cada temblor, cada lágrima hecha espuma en el horizonte del recuerdo, se acomoda en mi poética y se da al lector para volver a nacer de nuevo. En ese momento reside el verdadero milagro de la poesía y allí intentan llegar mis versos como niños ansiados de brazos que los acunen; versos que se dan con una carga existencial que dejan entrever la esencia de mi vida… versos en los que a veces la musicalidad la dan las propias palabras sin más rima que la desnudez más antigua y otras en las que la métrica y la consonancia impregnan el folio de cadencias más harmoniosas.

Pero también hay lugar para el gozo y para la emoción porque a veces, mas solo a veces… el amor también se hace presente para no morir jamás.

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